Sabía que la marea te arrastraría de nuevo al punto de partida.
Ahora me entretengo intentando adivinar cual será la causa del repentino oleaje.
Me pregunto que razón darás tras golpear mi puerta otra vez.
Se me ocurre que se te pudo acabar la historia,
esa que utilizabas unas semanas atrás contra mí como arma arrojadiza.

Apostar tan poco por tu sentido común podría acarrearme una confusión de principios.
Si quieres me quedo, sino, también.
Situaciones que, ante todo y encomendándonos al instinto de supervivencia, no han de repetirse.

He escrito sesenta y tres veces en mi cuaderno de caligrafía que no vas a conseguir nada esta vez.
Que no voy a doblegarme porque nunca has hecho nada por mí [de forma consciente],
por el contrario olvidar todos mis méritos era algo a lo que tenía que enfrentarme de 48 en 48 horas.
He escrito otras sesenta y tres veces que ahora estoy mucho mejor, gracias.